Herramientas digitales para la docencia: otra vuelta de tuerca

Tratando de modernizar y encontrar mejores espacios para la experiencia de enseñanza~aprendizaje mediante la utilización de los recursos de la historia digital en el momento final (?) de la pandemia de COVID-19, el Seminario de Historia regional que imparto en el programa de doctorado del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán volvió a contar con un sitio Web particular. Una nueva versión de Región ~espacio, tiempo, historia está disponible en línea y se beneficia con la construcción, por parte de las personas que conforman la generación 2020-2025, de sus diversos proyectos de trabajo elaborados también en línea.

Más allá del objeto particular del proyecto, en términos del proceso de enseñanza~aprendizaje en la era digital, este tipo de dinámicas permite integrar retos acerca del uso de las nuevas tecnologías (TIC’s) a los propios retos teórico metodológicos de pensar y desarrollar la heurística de un proceso de investigación histórica.

La tecnología en la práctica historiográfica

Acaba de publicarse un libro (abril de 2021) que, me parece, nos va a invitar a hacer un alto en el camino. El autor es Adam Crymble, especialista en humanidades digitales en la University College of London, miembro del equipo del proyecto The Programming Historian desde 2011 y su cabeza desde 2015, a la salida de sus fundadores William J. Turkel y Alan MacEachern.

Technology and the Historian. Tranformations in the Digiatl Age, editado por las prensas de la Universidad de Illinois, es un libro que reflexiona acerca del impacto del desarrollo tecnológico en la práctica historiográfica y, para ello, aventura una primera historia razonada de la relación entre tecnología e historiografía. A partir de ahí, separa con nitidez a las humanidades digitales de la historia digital, y va más allá pues los autodenominados historiadores digitales no son los únicos que utilizan la tecnología digital sino también el resto de las y los académicos, aunque no hagan historia digital.

La reflexión de Crymble y la historia que ensaya de la relación entre la transformación de la tecnología y los cambios en la historiografía en los países anglosajones (Estados Unidos, Inglaterra y Canadá), le permite desmontar el mito de los orígenes de la historia digital. No, no fue el padre Roberto Busa SJ y su proyecto tomístico el punto de origen que pregonan los humanistas digitales de sus propias prácticas y que han asumido algunos historiadores digitales (véase Graham et al., 2016). El desarrollo de la historiografía anglosajona tiene su propia historia en relación con la tecnología computacional aplicada a la investigación, la docencia y la difusión del conocimiento histórico, como lo demuestra Crymble.

¿Quién motivó que en la práctica historiográfica se comenzasen a utilizar computadoras o, al menos, el pensamiento algorítmico para estructurar teórica y metodológicamente nuestras investigaciones? El mismo año (1949) en el que Busa convenció a Thomas Watson para que le permitiera utilizar computadoras IBM para el arranque de su proyecto, apareció el libro de Frank L. Owsley hecho en colaboración con su esposa, Harriet Chappell Owsley, Plain Folk of the Old South, un trabajo pionero de la nueva historia social estadounidense. Los Owsley hicieron un análisis de demografía histórica y movilidad social de la población del sur de los Estados Unidos, procesando una ingente cantidad de datos de censos, impuestos y juicios. Por ello, los Owsley quedarían como precursores de la historia asistida por computadoras, según William G. Thomas III en su excelente texto de 2004 “Computing and the Historical Imagination”.

Sin embargo, como anota Crymble en el primer capítulo de su libro, no está claro si los Owsley en realidad utilizaron una computadora o solamente se apegaron a ua lógica computacional procesando los registros manualmente. En todo caso, hayan usado una máquina o no, lo importante es que la investigación de los Owsley se inserta en una dinámica de desarrollo de la historiografía del siglo XX que, desde diversas corrientes y en distintas tradiciones académicas, se inclinaron por la historia cuantitativa. En el caso angloparlante las corrientes de la New history, la New economic history (con la aparición, en 1927, de la Economic History Review), Cliometrics, Econometrics o History and computing. En el caso francés, con la corriente de los Annales tras la aparición de Annales d´histoire économique et sociale en 1929.

En fin, queda pendiente hacer una reseña o nota crítica sobre la aparición de este importante texto. Sin embargo, una primera reflexión a bote pronto es que, desde el Sur Global, tenemos la necesidad de revisar de nueva cuenta la historia de nuestra historiografía y la historia de la relación de nuestra práctica historiográfica y el desarrollo de la tecnología.

Referencias

  • Crymble, A. (2021). Technology and the historian: Transformations in the digital age. University of Illinois Press.
  • Graham, S., Milligan, I., & Weingart, S. (2016). Exploring big historical data: The historian’s macroscope. Imperial College Press. http://www.themacroscope.org/2.0/
  • Owsley, F. L. (1949). Plain folk of the Old South. Louisiana State University Press.
  • Thomas III, W. G. (2004). Computing and the Historical Imagination. En S. Schriebman, R. Siemens, & J. Unsworth (Eds.), A Companion to Digital Humanities. Blackwell. https://companions.digitalhumanities.org/DH/?chapter=content/9781405103213_chapter_5.html

¿Qué es la historia digital?

“¿Qué es la historia digital?” es una pregunta que se escucha cada vez más en las aulas y los centros de investigación en México y América Latina, sobre todo a partir de la experiencia que hemos tenido a nivel mundial con la pandemia de Covid-19.

¿Existe la “historia digital” en nuestra práctica historiográfica en el Sur Global y las academias de los países hispanohablantes? Mi apuesta es que no, a pesar de lo que se pudiese inferir de lo dicho por otros autores. Pero para llegar a un punto común de discusión, hay que ir de a poco. La idea de una “historia digital” nació en las academias de los países anglófonos como algo estrechamente vinculado a los procesos masivos de digitalización de la información en dichas sociedades, como respuesta a la revolución tecnológica digital de los años 1970-1990.

Desde hace por lo menos un cuarto de siglo, algunas personas que en esos contextos se dedicaban a la historia comenzaron a preocuparse por el impacto de la revolución digital y los nuevos medios de producción, almacenamiento y distribución de la información en el formato que dicha revolución tecnológica trajo consigo. Roy Rosenzweig fundó el Center for History and New Media en la Universidad George Mason en 1994, mientras que Ed Ayers y William G. Thomas III crearon el Virginia Center for Digital History en 1998 a partir del éxito que tuvo el que se considera el proyecto pionero en historia digital: The Valley of the Shadow (1993).

En una charla en línea (es decir, hecha posible por los nuevos medios) animada por la Journal of American History en 2008, que pueden ustedes leer directamente aquí o mediante Jstor, la historia digital era definida por Williams G. Thomas III como:

…. un enfoque para examinar y representar el pasado que funciona con las nuevas tecnologías de comunicación de la computadora, la red de Internet y los sistemas de software. En un nivel, la historia digital es un campo abierto de producción y comunicación académica, que abarca el desarrollo de nuevos materiales de curso y recopilaciones de datos académicos. Por otro, es un enfoque metodológico enmarcado por el poder hipertextual de estas tecnologías para hacer, definir, consultar y anotar asociaciones en el registro humano del pasado. Hacer historia digital, entonces, es crear un marco, una ontología, a través de la tecnología para que las personas experimenten, lean y sigan un argumento sobre un problema histórico.

Sin embargo, para poder adquirir ese enfoque, es necesario que quien se dedique a la historia en la era digital tenga consciencia de lo que significa trabajar en un entorno digital con todas las posibilidades y a la vez problemas y retos que presenta la administración de nuestro patrimonio histórico, ya sea digitalizado o producido en medios digitales . En ese sentido, todos somos historiadores digitales porque usamos la tecnología digital. Pero, en realidad, pocos somos historiadores digitales en el sentido de ofrecer a nuestra disciplina la solución a un problema muy serio y a la vez proponer nuevas perspectivas metodológicas para la interpretación de las fuentes históricas y para la difusión del conocimiento histórico.

En efecto, la práctica de la historia digital en el Sur Global requiere de una reflexión ontológica, deontológica y metodológica, ya que no es lo mismo la historia digital que la práctica historiográfica en la era digital, o Cibercliografía, como me gusta denominarla.

Historia regional en la era digital

Una de mis obligaciones docentes en el programa de Doctorado en Historia del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán, es impartir el curso curricular denominado “Historia regional”. Se trata del último de uno de los siete cursos que componen el área teórico metodológica del programa y a mí me gusta estructurarlo en un formato de seminario.

Más allá de la discusión que sirvió en bandeja de plata Miño Grijalva hace casi veinte años cuando hizo estallar la bomba con su pregunta retórica “¿Existe la historia regional?” (véase su explosivo artículo en el número 204 de la excelente revista Historia Mexicana), lo que subyace bajo la relación dialéctica entre espacio y tiempo en la historia y, por ende, en la investigación historiográfica y en la difusión y divulgación históricas, adquiere una importancia inmensa después del spatial turn y en medio de la era digital.

Sin soslayar la importancia del “giro espacial”, que bien merece más que varias líneas, solamente me interesa señalar aquí el cómo la tecnología, metodologías y herramientas digitales disponibles actualmente han revolucionado las posibilidades de comprensión y explicación del fenómeno histórico. La importancia del espacio y del lugar (dejémoslo en la importancia de la región, sea o no sea que exista como historiable) en relación con el tiempo, puede comprenderse mejor con buenas visualizaciones de datos. En un principio mapas en papel, hoy podemos geolocalizar cualquier cosa o evento en un sistema de información geográfica global vía internet (Google Earth, entre otros) o de plataforma (ArcGis, QGis). Y, también, podemos usar otros recursos digitales y en línea, como los Weblogs o bitácoras, para apoyar tanto nuestra investigación como la difusión de sus resultados.

Por lo tanto, y después de la interesante experiencia del curso-taller de Introducción a la Historia Digital que impartí en Guanajuato el año pasado, incluí una bitácora dedicada al Seminario de 2019, Región. Tiempo, espacio, historia, con premisas parecidas. De tal manera, las y los estudiantes de la generación 2017-2022 del programa de doctorado tuvieron la oportunidad de seguir el seminario y, paralelamente, desarrollar un proyecto de reflexión sobre la importancia del espacio en su proyecto de investigación de tesis.

Los diversos proyectos se pueden seguir en el blogroll del sitio.

Referencias

  • Miño Grijalva, M. (2002). ¿Existe la historia regional? Historia Mexicana, 867–897.
  • Soja, E. W. (1980). The Socio-Spatial Dialectic. Annals of the Association of American Geographers, 70(2), 207–225.

Digitalizar la cultura jurisdiccional

En algún momento del año, Anaclet Pons y Matilde Eiroa nos invitaron a Jairo Melo y a mi a escribir un artículo para la revista Culture & History en el que dejásemos constancia del proyecto que hemos imaginado acerca del análisis de la cultura y la memoria a través de análisis digital de un corpus, en este caso, el de la cultura jurisdiccional. Un proyecto, si no imposible, por el momento muy difícil de realizar dados los pocos avances en los procesos de digitalización robusta de las fuentes. No obstante su intangibilidad –por ahora–, nos resultó un excelente ejercicio de imaginación teórica y metodológica de lo que podría ser un estudio de historia digital en el ámbito hispanohablante y, sobre todo, de interés para un amplio grupo de historiadoras e historiadores en ambos lados del Atlántico.

El resultado acaba de ser publicado para alegrarnos este fin de año, en forma de un texto denso, “Jurisdictional Culture and Memory Digitization of the ‘Government of Justice.’ Data Modeling and Digital Approach for the Legal History of Ibero-America” (Cultura jurisdiccional y digitalización de la memoria del “gobierno de justicia.” Modelado de datos y enfoque digital para la historia del derecho de Iberoamérica), que puede consultarse en su versión original en inglés siguiendo su número DOI: https://doi.org/10.3989/chdj.2018.017

La premisa fue la siguiente: “¿Puede una máquina recuperar el significado cultural de un corpus de fuentes? Este artículo aborda el alcance y las restricciones que representan la digitalización, la transcripción y el modelado de datos para las lecturas automatizadas de registros legales e históricos, en particular aquellos derivados del contexto cultural del imperio hispano. Compara la dicotomía entre la ambigüedad característica de los textos legales del antiguo régimen y la precisión requerida para la legibilidad automatizada. Además, problematiza la lectura corporal, la estrategia de lectura distante y las visualizaciones como un modelo para la interpretación de la gran mayoría de los datos textuales. Se propone un modelo de segmentación y modelado de datos que aborde la lógica textual de los registros legales del antiguo régimen con base en su jerarquización, interrelación con fuentes no judiciales (teológicas, históricas, filosóficas, entre otras), su segmentación interna, la lógica de lectura no lineal de la normativa, así como los argumentos de autoridad requeridos en compilaciones y trabajos legales relevantes. Concluye que las ventajas de la automatización están asociadas a la capacidad de manipular archivos sin distorsionar el significado original de los textos, por lo tanto, propone la necesidad de desarrollar vocabularios estandarizados que ayuden a evitar enfoques anacrónicos con respecto a las fuentes legales de la Edad Moderna.”

Para armar el texto, Jairo y yo nos propusimos hacer algunos borradores con propuestas para la digitalización del corpus, mismas que se pueden ver en el repositorio de proyecto en GitHub: corpusnormae/CNHID

Introducción a la historia digital

Para iniciar este mes de octubre fui invitado por la Dra. Maricruz Romero Ugalde, quien forma parte del claustro académico de la Maestría en Estudios Históricos Interdisciplinarios de la Universidad de Guanajuato, a dar un breve Curso-Taller de Introducción a la Historia Digital. Se trata de un módulo de enseñanza compacto, de carácter teórico – práctico para principiantes. Con duración de una semana, permite una primera inmersión en algunas herramientas y técnicas informáticas para el procesamiento, el análisis y la visualización de datos históricos de manera digital. El curso-taller está inspirado en la experiencia de formar parte, desde 2016, del equipo editorial del proyecto The Programming Historian en español.

Para apoyarnos en el curso-taller, armé una bitácora en WordPress con la idea de que sirviera como referente para las personas asistentes pues contiene información sobre el programa, enlaces a diversos recursos en línea. Paralelamente, una actividad a lo largo del curso-taller fue el que cada persona participante desarrollara su sitio Web, aprovechando la tecnología de los Weblogs. Cada bitácora participante fue enlazada a un blogroll disponible en el menú lateral de la bitácora. Con ello se permitió una navegación constante entre el sitio del curso-taller y los desarrollos que se iban llevando a cabo, además de dejar una memoria en línea del evento.

Un dato interesante es que en el propio acervo de la Universidad, la Biblioteca Armando Olivares Carrillo, pudimos conseguir un texto digitalizado muy interesante que nos sirvió para hacer un ejercicio de visualización de datos mediante una nube de palabras. Se trata de un alegato jurídico escrito por el abogado Fernando Fernández de San Salvador en defensa de la marquesa de San Francisco. Hay que recordar que Fernández de San Salvador fue tío de la famosa Leona Vicario. Hay más información en la entrada respectiva de la bitácora del curso.

Finalmente, el sitio Web quedó en línea conservando la experiencia de esta semana que finaliza, con el nombre de Introducción a la Historia Digital ~ The Programming Historian en español. Un dato curioso es que sesionamos en el edificio de Astronomía y Big Data…

The Programming Historian en DH2018-CDMX

Hoy terminó el Congreso DH2018 en la Ciudad de México, organizado por The Alliance of Digital Humanities Organization (ADHO), El Colegio de México y la Universidad Nacional Autónoma de México con la colaboración de la Red de Humanidades Digitales. Es la primera vez que este tipo de encuentros, que datan de 1990, se realiza en una ciudad de América Latina. La experiencia fue muy interesante; además de la oportunidad de presentar la idea para un proyecto sobre el Análisis de una cultura jurisdiccional, el Corpus jurídico hispano indiano digital, escuchar muchas ideas y propuestas para las humanidades digitales así como conocer a un montón de gente interesante, parte del equipo que editamos The Programming Historian nos reunimos por primera vez de manera presencial.

Del equipo editorial en inglés estuvieron James Baker, Matthew Lincoln y Brandon Walsh y del equipo editorial en español María José Afanador-Llach, José Antonio Motilla y yo.

Pero no solamente nos encontramos. En la mesa SP-13 “Local DH, non-standardization”, María José presentó el proyecto bajo el título: The Programming Historian en español: Estrategias y retos para la construcción de una comunidad global de HD.

El breve resumen dice:

The Programming Historian es un proyecto colaborativo de servicio académico voluntario, que se sostiene en la conformación de redes globales de conocimiento abierto. Desde la creación del equipo editorial de contenidos en español, el proyecto ha enfrentado los retos que suponen encontrar voluntarios que quieran revisar, traducir y crear nuevos tutoriales. Lo anterior, teniendo en cuenta la falta de reconocimiento y validez académica dada la carencia de mecanismos de evaluación de productos de investigación digital. De igual manera, ha resultado un reto garantizar la calidad de los contenidos desde un punto de vista lingüístico. Por último, el proyecto afronta el reto de combinar una aproximación global, que al mismo tiempo respete la diversidad local. Esta presentación es una reflexión sobre la experiencia del equipo de contenidos en español de The Programming Historian en relación al panorama general de las humanidades digitales en el mundo hispanoparlante.