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Clío conectada

La siguiente reseña del hoy clásico libro de Roy Rosenzweig –al menos en el entorno de la historiografía digital anglosajona–, apareció en el número 1 (marzo-agosto, 2011) de la revista Historia 2.0, Conocimiento histórico en clave digital, publicación del proyecto Historia abierta, un esfuerzo pionero de historia digital animado por estudiantes de historia fundamentalmente basados en Colombia. Por ello, y porque el libro de Rosenzweig sigue siendo de mucho interés para la práctica historiográfica en el ámbito hispanohablante de la era digital, me parece importante la relectura de la reseña a 14 años de su primera publicación. Se reproduce con el permiso de su autor. Nótese que: los enlaces indicados en las notas al texto originales ya no funcionan.

Jairo A. Melo, Rosenzweig, Roy. Clio wired: the future of past in the digital age. New York: Columbia University Press, 2011, 309 págs., en Historia 2.0, 1 (marzo – agosto, 2011), 131-134

Este texto, además de una novedad bibliográfica, es un homenaje póstumo a Roy Rosenzweig (1950-2007), fundador del Center of History and New Media (en adelante CHNM)1 de la Universidad George Mason, y uno de los mayores impulsores de este campo histórico. Clio wired, título de difícil traducción al español pero que podría entenderse como Clío conectada, fue el nombre dado por Rosenzweig a un curso desarrollado en el semestre de invierno de 2003 para el doctorado de Historia de la George Mason, en el que se les solicitaba a sus estudiantes realizar una propuesta de proyecto en historia digital y desarrollar una página web para este, algunas de las cuales aún están disponibles, así como la bitácora del curso, en el sitio web del CHNM.2

La Universidad de Columbia lanzó el libro 18 de febrero de este año y se encuentra disponible una copia con visibilidad limitada en Google Books, allí, con algo de paciencia y recursividad, es posible leer y reseñar este libro. Básicamente, consiste en una recopilación de ensayos escritos por Rosenzweig desde 1994 hasta el 2006, cuando según la esposa de Rosenzweig, Deborah Kaplan, “se convirtió en un incisivo e influyente comentarista de la historia digital”. La mayoría de estos ensayos se encuentran disponibles en la Web, un asunto apenas lógico teniendo en cuenta que uno de los llamados de Rosenzweig a sus estudiantes era mantener sus fuentes y escritos abiertos, disponibles al público, en un esfuerzo por fomentar la democratización de la historia a través de los recursos digitales.3

El libro está prologado por Anthony Grafton, quien realiza un bosquejo biográfico de Rosenzweig en donde exalta sus cualidades humanas e ideológicas, así como de la fundación y crecimiento del CHNM. En su prólogo, Grafton deja en claro que la visión de Rosenzweig de la historia digital, comprendía que esta consiste en una serie de herramientas que se encuentran muy alejadas de ser una panacea para la historia, ni mucho menos sus avances pueden considerarse como homogéneos, ya que hay que tener en cuenta las diferencias que la tecnología presenta en los diferentes contextos sociales, económicos y éticos. Rosenzweig se ubica en una prudente posición intermedia entre el “la irreflexiva autosuficiencia y el instintivo neoludismo”, de tal manera que se centra en la historia y de allí enlaza con los recursos tecnológicos.

La idea de Rosenzweig, y quizá donde radicaba su radicalismo, era en la posibilidad que brindan los nuevos medios para democratizar la historia, de utilizar los recursos digitales para mantener vivo el pasado y hacerlo gratificante y atractivo, donde no sólo participen historiadores profesionales, sino todos aquellos que se consideren involucrados, o simplemente interesados en consultar un documento, una imagen estática o imágenes en movimiento, de una manera abierta y gratuita.4

El libro está dividido en tres secciones. La primera, Rethinking History and New Media, incluye tres ensayos de Rosenzweig: “Scarcity or abundance? Preserving the past” (2003), “Wikipedia, can history be open source?” (2006) y “Web of lies? Historical Knowledge on the Internet” (2005) escrito en conjunto con el actual director del CHNM Daniel J. Cohen. Estos ensayos, por el mismo planteamiento de los títulos, muestran una serie de cuestionamientos en torno a la historia y la web, de hecho, plantean ciertos aspectos claves dentro del discurso de la historia disponible a través de la web: la preservación del pasado, la disponibilidad de las fuentes y las representaciones escritas o multimediales y la fiabilidad de las fuentes disponibles en la web. En el primer ensayo, Rosenzweig pone en discusión la situación de los historiadores en un contexto donde pasan de la escasez de fuentes y espacios de publicación, a una abundancia de tal nivel que simplemente no se sabe cómo manejar. En su segundo artículo, como ha de suponerse, discute la Wikipedia como historia, esto es, como una enciclopedia que contiene en sí una buena cantidad de material histórico e historiográfico, haciendo un análisis de las fortalezas y debilidades de una plataforma de edición abierta donde el control es realizado socialmente, pero también, donde la tergiversación, el anacronismo, las atopías y los yerros históricos son invisibles a los escolares. Rosenzweig afirma que los historiadores debemos prestar atención a Wikipedia por una sencilla razón: “nuestros estudiantes lo hacen”, y es por ello que hace un llamado a los historiadores no sólo a intervenir en Wikipedia, sino en investigar y proponer métodos de trabajo que “imiten” la forma social de construcción de conocimiento de esta enciclopedia. El tercer ensayo, es una presentación extensa de un software de búsqueda de hechos históricos denominado H-Bot;5 con el cual se pretende generar un buscador de hechos históricos tales como fechas, eventos y pequeñas biografías de personajes, con una exactitud garantizada, aspecto que es compleja de encontrar en la Web.

La segunda parte del libro se relaciona con la práctica histórica en los nuevos medios: enseñanza, investigación, presentación y recolección. Esta comprende los artículos Historians and Hypertexts: Is it more than Hype?, escrito con Steve Brier (codirector del New Media Lab de la City University of New York), publicado en 1994 en la revista Perspectives de la famosa American Historical Asociation, que consiste básicamente en una reseña del libro electrónico Who Built America? From the Centennial Celebration of 1876 to the Great War of 1914, un CD-ROM multimedia en formato Macintosh (básicamente para ser reproducido en el software QuickTime) que no se centra tanto en sus contenidos como en su formato y en el contenido de fuentes primarias disponibles en el CD, las cuales superan al texto escrito en sí, y que en su momento, encontraban el problema de los costos tecnológicos que esto implicaba. Un segundo artículo denominado Rewriting the History and Social Studies Classroom: Needs, Frameworks, Dangers, Proposals, el cual discute la implementación de la tecnología en el aula de clase, especialmente en torno a convertir el aula de clase en un centro para el aprendizaje activo y el pensamiento crítico apoyado en los recursos tecnológicos disponibles en 1999. Un tercer artículo, denominado The riches of hypertext for Scholarly Journals, donde se presentan de una manera profunda las posibilidades que brinda la Internet para difundir las investigaciones históricas y cómo un proyecto de historia digital puede contribuir a la construcción de contenidos de varios temas, abiertos y disponibles gratuitamente a la comunidad en general. El cuarto artículo de esta sección postula una pregunta bastante compleja: Should Historical Scholarship be Free?, la cual era una contribución a la discusión dentro de la AHA en torno a la gratuidad o costo de sus producciones, Rosenzweig enuncia las posibilidades que brinda la web para la difusión de la historia y cómo estas se compaginan con las postuladas por la mismas asociaciones de historia desde sus orígenes, las cuales no habían podido ser llevadas a cabo por los costos editoriales inherentes a cualquier proceso de edición e impresión. Finalmente, junto con Daniel J. Cohen, presentan un apartado de su libro Digital History. A guide to gathering, preserving and presenting the past on the Web, específicamente el capítulo Collecting History Online, que consiste básicamente en una presentación del por qué existe la necesidad de almacenar la memoria digital o los documentos en línea, así como la forma de seleccionar los materiales a ser recolectados, las herramientas disponibles para esto, y cómo fortalecer los sitios logrando el acceso de contribuidores espontáneos, para lo cual utilizan un ejemplo concreto como fueron los documentos digitales producidos durante el 11 de septiembre.

La sección final del libro corresponde a la investigación histórica en los nuevos medios, con tres artículos relacionados con la historia y su presentación en la web. El primero, escrito en colaboración con el profesor de la Universidad de Columbia Michael O’Malley, titulado Brave New World or Blind Alley ? American History on the World Wide Web, el cual ofrece un acercamiento a las posibilidades y limitaciones de la Web para aquellos interesados en publicar, enseñar y aprender historia. Los autores abordan el pasado disponible en la Web, los archivos, bibliotecas, museos y otras formas de presentar la historia en línea. El segundo artículo de esta sección: Wizards, Bureaucrats, Warriors and Hackers: Writing the History of the Internet, es un texto de 1998 publicado por Rosenzweig en la American Historical Review, y consiste básicamente en una historia de la Internet, cuya novedad más importante es, sin duda, el haber sido realizada por un historiador antes que por un Ingeniero de Sistemas, como había sido hasta el momento. Finalmente, cierra la sección y el libro el artículo The Road to Xanadu: Public and Private Pathways on the History Web. Xanadu para los amates del cine es el Estado privado del ciudadano Kane, pero también fue el primer proyecto de hipertexto fundado en 1960 por Ted Nelson, el cual puede considerarse como el mito original de la Web. Este artículo, además de describir en principio dicho proyecto, también realiza una historia de los proyectos de historia que han involucrado el sentido del hipertexto para presentar sus investigaciones.

Después de un poco menos de trescientas páginas, es posible reseñar las ideas básicas de Rosenzweig, pero difícilmente abarcará toda su obra. De cierta manera, muchos intangibles están aún presentes sin que sea posible imprimirlos o diagramarlos en un libro, de hecho, el famoso trabajo Who Built America?, está aún desconectado y tan sólo por unos cuantos dólares sería posible observarlo, así fuera tan sólo por una especie de sensación romántica. Muchos de nosotros recordamos nuestras primeras etiquetas en HTML, los primeros intentos por hacer una web en Geocities y el deseo de encontrar y publicar nuestras producciones en algo que todavía era desonocido: la Web. Rosenzweig no es solamente alguien que dejó una de las producciones más sistemáticas en historia digital, sino también alguien que nos dejó el sentido de ser historiador en un mundo digital, hoy en día pensar en un proyecto de historia digital en CD-ROM es poco menos que risible, pero dentro del diez años es bastante probable que considerar un Web Site de historia lo sea más. Habrá que estar preparados por lo menos para la siguiente etapa: la portabilidad del Smartphone y las Tablet… in road to Xanadu.

  1. N. del E.: Hoy Roy Rosenzweig Center for History and New Media. ↩︎
  2. Varios cursos están disponibles en los archivos del CHNM, desde el semestre de primavera de 2001 hasta el de invierno de 2004, para navegar por cada uno de ellos es necesario hacerlo manualmente, ya que no están debidamente indexados en un sitio o tan siquiera en Google. Para ver el curso de primavera de 2001 puede ir a este enlace: http ://chnm.gmu.edu/courses/rr/s01/cw, para navegar por los demás cursos se tiene que modificar /s01/ por /f01/, por ejemplo, en caso de querer ir al curso de invierno de 2001, o /f03/ por ejemplo, si quiere cambiar de año. ↩︎
  3. KAPLAN, Deborah, “Note to Readers” en Rosenzweig, Roy. Clio wired: the future of past in the digital age. New York: Columbia University Press, 2011, p. xxiv. ↩︎
  4. GRAFTON, Anthony, “Roy Rosenzweig: Scholarship as Community” en Rosenzweig, Roy. Clio wired, p. xviii – xx. ↩︎
  5. Este es un buscador de hechos históricos donde la persona pregunta datos históricos como la fecha o le lugar de nacimiento de un personaje como Lao-Tse, o las fechas de eventos históricos prominentes como el vuelo de Charles Lindberg sobre el océano Atlántico, e incluso tiene la capacidad de resolver pequeñas dudas como “¿quién descubrió el oxígeno?”. Este buscador desarrollado en php se encuentra disponible en el enlace http ://chnm.gmu.edu/tools/h-bot, y fue programado por Daniel J. Cohen y Simon Kornblith, desarrollador senior del CHNM. Paradójicamente, el mismo año en que fue desarrollado el software H-bot la compañía Yahoo lanzó su servicio “Yahoo Q & A”, el cual cambiaría su nombre posteriormente a “Yahoo Answers”, que aunque no garantiza la exactitud histórica se ha convertido en la herramienta favorita de los estudiantes para resolver preguntas puntuales. ↩︎

Historiografía, tecnología y brecha digital: a propósito de un libro

Acaba de ser puesta en línea mi reseña ~nota crítica a propósito del libro de Adam Crymble (Crymble 2021), en Passés Futurs #14 de la plataforma Politika, libro del que di noticia aquí en esta bitácora hace más de dos años.

Como lo digo al inicio de la nota, la lectura de este libro, cuando es hecha desde alguna parte del Sur global, es una invitación a tomar una postura política respecto a nuestras prácticas académicas en la era digital y en nuestros propios contextos atravesados, por supuesto, por las brechas tecnológica, económica, cultural y social.

La consciencia que surge –o se afianza– de las grandes diferencias entre una realidad y otra, donde los factores que hacen a esos contrastes pasan de las brechas económicas y tecnológicas hasta la pluriculturalidad en un tiempo poscolonial, invita a generar historias de las experiencias locales en un contexto global interconectado de las relaciones entre nuestras prácticas académicas –en este caso historiográficas–, el acceso a la tecnología y su uso, así como la inevitable exasperación y pérdida de rumbo que el “desorden digital” –parafraseando a Anaclet Pons– causa en nuestras comunidades.

Sin más, la invitación a seguir leyendo queda hecha.

Actualización 2024-06-01: Acaba de ser puesta en línea la versión en francés de mi texto, por si a alguien le interesa.

Referencias:

Los nuevos vehículos de la memoria

Con ese título, el viernes pasado participamos en una mesa en el contexto del XLIII Coloquio de Antropología e Historia Regionales, “Las batallas por la historia y la memoria,” coordinado por mi colega del CEH-COLMICH, el Dr. Martín López Ávalos.

La experiencia fue muy interesante, desde el armado de la mesa –que me fue delegado coordinar por Martín–, hasta la experiencia de juntarnos las personas que hablamos en el evento. Así, pudimos intercambiar ideas y puntos de vista cara a cara después de algún tiempo de tratarnos vía Internet.

Gracias al coloquio, pude invitar a Stefania Gallini, de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia (sede Bogotá), quien compartió una ponencia titulada “Memorias ambientales y retos para una historia ambiental”. Stefania casi que no necesita presentación pues una de las principales impulsoras de la humanidades digitales en América Latina. También participó Adriana Álvarez Sánchez, del Colegio de Historia ~ Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México con la ponencia “Digitalización y nuevas prácticas en la investigación histórica.” Adriana tampoco necesita mucha presentación ya que ha sido una persona muy activa en el grupo que impulsa las humanidades digitales desde la UNAM. Por su parte, mi colega y compañero de andanzas en estas cosas digitales, Jairo Melo, de la UNAM-CUAIEED, expuso el texto “La memoria del Big Data”, mientras que yo leí una pequeña reflexión sobre “Límites y retos para una historia digital en América Latina”. Y bueno, casi que fue la última mesa del coloquio antes de la conferencia magistral de Jean Meyer.

El desarrollo de la mesa Los nuevos vehículos de la memoria con las cuatro ponencias puede seguirse en este video en el canal de YouTube de El Colegio de Michoacán y, espero, pronto estén disponibles en una publicación con las memorias del coloquio.

Y bueno, también hubo oportunidad de tomar algún aperitivo…

El “dónde” afecta el “cómo”. La enseñanza de la historia digital en el mundo global

Estoy muy motivado porque Adam Crymble me invitó a participar en una mesa redonda con el tema “Digital Humanities Roundtable: ´Where’ affects ‘How’ we teach”, que tendrá lugar de manera virtual el próximo 8 de septiembre vía Zoom.

En la presentación del evento se puede leer lo siguiente:

El lugar donde se realizan las investigaciones digitales afecta los tipos de métodos y enfoques que se consideran más fructíferos para la investigación en humanidades. A pesar de que la tecnología es global, su aplicación es profundamente cultural y está determinada por factores históricos como el colonialismo, el idioma, las prácticas de archivo y el desarrollo económico. En las humanidades digitales, esto significa que las metodologías digitales más necesarias en Londres difieren de las más importantes en Bogotá, París o Lisboa.

Para el evento, Adam invitó también a Daniel Alves, profesor en el Departamento de Historia de la Universidade Nova de Lisboa, en Portugal, y editor del proyecto The Programming Historian em português desde 2020. La otra invitada es Lucia Michielin, arqueóloga italiana especialista en métodos computacionales en el Edimburg Centre for Data, Culture & Society (Escocia).

El encuentro promete un diálogo interesante pues se va a dar entre tres realidades muy distintas entre sí. Y esto es lo importante, pues el conocimiento y los saberes, aunque supuestamente “universales”, están histórica, social y culturalmente localizados: no es lo mismo enseñar matemáticas en Estocolmo que en una aldea remota del Amazonas brasileño.

Quien guste acompañarnos, suscríbase en este enlace de Eventbrite.

Herramientas digitales para la docencia: otra vuelta de tuerca

Tratando de modernizar y encontrar mejores espacios para la experiencia de enseñanza~aprendizaje mediante la utilización de los recursos de la historia digital en el momento final (?) de la pandemia de COVID-19, el Seminario de Historia regional que imparto en el programa de doctorado del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán volvió a contar con un sitio Web particular. Una nueva versión de Región ~espacio, tiempo, historia está disponible en línea y se beneficia con la construcción, por parte de las personas que conforman la generación 2020-2025, de sus diversos proyectos de trabajo elaborados también en línea.

Más allá del objeto particular del proyecto, en términos del proceso de enseñanza~aprendizaje en la era digital, este tipo de dinámicas permite integrar retos acerca del uso de las nuevas tecnologías (TIC’s) a los propios retos teórico metodológicos de pensar y desarrollar la heurística de un proceso de investigación histórica.

La tecnología en la práctica historiográfica

Acaba de publicarse un libro (abril de 2021) que, me parece, nos va a invitar a hacer un alto en el camino. El autor es Adam Crymble, especialista en humanidades digitales en la University College of London, miembro del equipo del proyecto The Programming Historian desde 2011 y su cabeza desde 2015, a la salida de sus fundadores William J. Turkel y Alan MacEachern.

Technology and the Historian. Tranformations in the Digiatl Age, editado por las prensas de la Universidad de Illinois, es un libro que reflexiona acerca del impacto del desarrollo tecnológico en la práctica historiográfica y, para ello, aventura una primera historia razonada de la relación entre tecnología e historiografía. A partir de ahí, separa con nitidez a las humanidades digitales de la historia digital, y va más allá pues los autodenominados historiadores digitales no son los únicos que utilizan la tecnología digital sino también el resto de las y los académicos, aunque no hagan historia digital.

La reflexión de Crymble y la historia que ensaya de la relación entre la transformación de la tecnología y los cambios en la historiografía en los países anglosajones (Estados Unidos, Inglaterra y Canadá), le permite desmontar el mito de los orígenes de la historia digital. No, no fue el padre Roberto Busa SJ y su proyecto tomístico el punto de origen que pregonan los humanistas digitales de sus propias prácticas y que han asumido algunos historiadores digitales (véase Graham et al., 2016). El desarrollo de la historiografía anglosajona tiene su propia historia en relación con la tecnología computacional aplicada a la investigación, la docencia y la difusión del conocimiento histórico, como lo demuestra Crymble.

¿Quién motivó que en la práctica historiográfica se comenzasen a utilizar computadoras o, al menos, el pensamiento algorítmico para estructurar teórica y metodológicamente nuestras investigaciones? El mismo año (1949) en el que Busa convenció a Thomas Watson para que le permitiera utilizar computadoras IBM para el arranque de su proyecto, apareció el libro de Frank L. Owsley hecho en colaboración con su esposa, Harriet Chappell Owsley, Plain Folk of the Old South, un trabajo pionero de la nueva historia social estadounidense. Los Owsley hicieron un análisis de demografía histórica y movilidad social de la población del sur de los Estados Unidos, procesando una ingente cantidad de datos de censos, impuestos y juicios. Por ello, los Owsley quedarían como precursores de la historia asistida por computadoras, según William G. Thomas III en su excelente texto de 2004 “Computing and the Historical Imagination”.

Sin embargo, como anota Crymble en el primer capítulo de su libro, no está claro si los Owsley en realidad utilizaron una computadora o solamente se apegaron a ua lógica computacional procesando los registros manualmente. En todo caso, hayan usado una máquina o no, lo importante es que la investigación de los Owsley se inserta en una dinámica de desarrollo de la historiografía del siglo XX que, desde diversas corrientes y en distintas tradiciones académicas, se inclinaron por la historia cuantitativa. En el caso angloparlante las corrientes de la New history, la New economic history (con la aparición, en 1927, de la Economic History Review), Cliometrics, Econometrics o History and computing. En el caso francés, con la corriente de los Annales tras la aparición de Annales d´histoire économique et sociale en 1929.

En fin, queda pendiente hacer una reseña o nota crítica sobre la aparición de este importante texto. Sin embargo, una primera reflexión a bote pronto es que, desde el Sur Global, tenemos la necesidad de revisar de nueva cuenta la historia de nuestra historiografía y la historia de la relación de nuestra práctica historiográfica y el desarrollo de la tecnología.

Referencias

  • Crymble, A. (2021). Technology and the historian: Transformations in the digital age. University of Illinois Press.
  • Graham, S., Milligan, I., & Weingart, S. (2016). Exploring big historical data: The historian’s macroscope. Imperial College Press. http://www.themacroscope.org/2.0/
  • Owsley, F. L. (1949). Plain folk of the Old South. Louisiana State University Press.
  • Thomas III, W. G. (2004). Computing and the Historical Imagination. En S. Schriebman, R. Siemens, & J. Unsworth (Eds.), A Companion to Digital Humanities. Blackwell. https://companions.digitalhumanities.org/DH/?chapter=content/9781405103213_chapter_5.html

¿Qué es la historia digital?

“¿Qué es la historia digital?” es una pregunta que se escucha cada vez más en las aulas y los centros de investigación en México y América Latina, sobre todo a partir de la experiencia que hemos tenido a nivel mundial con la pandemia de Covid-19.

¿Existe la “historia digital” en nuestra práctica historiográfica en el Sur Global y las academias de los países hispanohablantes? Mi apuesta es que no, a pesar de lo que se pudiese inferir de lo dicho por otros autores. Pero para llegar a un punto común de discusión, hay que ir de a poco. La idea de una “historia digital” nació en las academias de los países anglófonos como algo estrechamente vinculado a los procesos masivos de digitalización de la información en dichas sociedades, como respuesta a la revolución tecnológica digital de los años 1970-1990.

Desde hace por lo menos un cuarto de siglo, algunas personas que en esos contextos se dedicaban a la historia comenzaron a preocuparse por el impacto de la revolución digital y los nuevos medios de producción, almacenamiento y distribución de la información en el formato que dicha revolución tecnológica trajo consigo. Roy Rosenzweig fundó el Center for History and New Media en la Universidad George Mason en 1994, mientras que Ed Ayers y William G. Thomas III crearon el Virginia Center for Digital History en 1998 a partir del éxito que tuvo el que se considera el proyecto pionero en historia digital: The Valley of the Shadow (1993).

En una charla en línea (es decir, hecha posible por los nuevos medios) animada por la Journal of American History en 2008, que pueden ustedes leer directamente aquí o mediante Jstor, la historia digital era definida por Williams G. Thomas III como:

…. un enfoque para examinar y representar el pasado que funciona con las nuevas tecnologías de comunicación de la computadora, la red de Internet y los sistemas de software. En un nivel, la historia digital es un campo abierto de producción y comunicación académica, que abarca el desarrollo de nuevos materiales de curso y recopilaciones de datos académicos. Por otro, es un enfoque metodológico enmarcado por el poder hipertextual de estas tecnologías para hacer, definir, consultar y anotar asociaciones en el registro humano del pasado. Hacer historia digital, entonces, es crear un marco, una ontología, a través de la tecnología para que las personas experimenten, lean y sigan un argumento sobre un problema histórico.

Sin embargo, para poder adquirir ese enfoque, es necesario que quien se dedique a la historia en la era digital tenga consciencia de lo que significa trabajar en un entorno digital con todas las posibilidades y a la vez problemas y retos que presenta la administración de nuestro patrimonio histórico, ya sea digitalizado o producido en medios digitales . En ese sentido, todos somos historiadores digitales porque usamos la tecnología digital. Pero, en realidad, pocos somos historiadores digitales en el sentido de ofrecer a nuestra disciplina la solución a un problema muy serio y a la vez proponer nuevas perspectivas metodológicas para la interpretación de las fuentes históricas y para la difusión del conocimiento histórico.

En efecto, la práctica de la historia digital en el Sur Global requiere de una reflexión ontológica, deontológica y metodológica, ya que no es lo mismo la historia digital que la práctica historiográfica en la era digital, o Cibercliografía, como me gusta denominarla.