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Historiografía, tecnología y brecha digital: a propósito de un libro

Acaba de ser puesta en línea mi reseña ~nota crítica a propósito del libro de Adam Crymble (Crymble 2021), en Passés Futurs #14 de la plataforma Politika, libro del que di noticia aquí en esta bitácora hace más de dos años.

Como lo digo al inicio de la nota, la lectura de este libro, cuando es hecha desde alguna parte del Sur global, es una invitación a tomar una postura política respecto a nuestras prácticas académicas en la era digital y en nuestros propios contextos atravesados, por supuesto, por las brechas tecnológica, económica, cultural y social.

La consciencia que surge –o se afianza– de las grandes diferencias entre una realidad y otra, donde los factores que hacen a esos contrastes pasan de las brechas económicas y tecnológicas hasta la pluriculturalidad en un tiempo poscolonial, invita a generar historias de las experiencias locales en un contexto global interconectado de las relaciones entre nuestras prácticas académicas –en este caso historiográficas–, el acceso a la tecnología y su uso, así como la inevitable exasperación y pérdida de rumbo que el “desorden digital” –parafraseando a Anaclet Pons– causa en nuestras comunidades.

Sin más, la invitación a seguir leyendo queda hecha.

Actualización 2024-06-01: Acaba de ser puesta en línea la versión en francés de mi texto, por si a alguien le interesa.

Referencias:

La tecnología en la práctica historiográfica

Acaba de publicarse un libro (abril de 2021) que, me parece, nos va a invitar a hacer un alto en el camino. El autor es Adam Crymble, especialista en humanidades digitales en la University College of London, miembro del equipo del proyecto The Programming Historian desde 2011 y su cabeza desde 2015, a la salida de sus fundadores William J. Turkel y Alan MacEachern.

Technology and the Historian. Tranformations in the Digiatl Age, editado por las prensas de la Universidad de Illinois, es un libro que reflexiona acerca del impacto del desarrollo tecnológico en la práctica historiográfica y, para ello, aventura una primera historia razonada de la relación entre tecnología e historiografía. A partir de ahí, separa con nitidez a las humanidades digitales de la historia digital, y va más allá pues los autodenominados historiadores digitales no son los únicos que utilizan la tecnología digital sino también el resto de las y los académicos, aunque no hagan historia digital.

La reflexión de Crymble y la historia que ensaya de la relación entre la transformación de la tecnología y los cambios en la historiografía en los países anglosajones (Estados Unidos, Inglaterra y Canadá), le permite desmontar el mito de los orígenes de la historia digital. No, no fue el padre Roberto Busa SJ y su proyecto tomístico el punto de origen que pregonan los humanistas digitales de sus propias prácticas y que han asumido algunos historiadores digitales (véase Graham et al., 2016). El desarrollo de la historiografía anglosajona tiene su propia historia en relación con la tecnología computacional aplicada a la investigación, la docencia y la difusión del conocimiento histórico, como lo demuestra Crymble.

¿Quién motivó que en la práctica historiográfica se comenzasen a utilizar computadoras o, al menos, el pensamiento algorítmico para estructurar teórica y metodológicamente nuestras investigaciones? El mismo año (1949) en el que Busa convenció a Thomas Watson para que le permitiera utilizar computadoras IBM para el arranque de su proyecto, apareció el libro de Frank L. Owsley hecho en colaboración con su esposa, Harriet Chappell Owsley, Plain Folk of the Old South, un trabajo pionero de la nueva historia social estadounidense. Los Owsley hicieron un análisis de demografía histórica y movilidad social de la población del sur de los Estados Unidos, procesando una ingente cantidad de datos de censos, impuestos y juicios. Por ello, los Owsley quedarían como precursores de la historia asistida por computadoras, según William G. Thomas III en su excelente texto de 2004 “Computing and the Historical Imagination”.

Sin embargo, como anota Crymble en el primer capítulo de su libro, no está claro si los Owsley en realidad utilizaron una computadora o solamente se apegaron a ua lógica computacional procesando los registros manualmente. En todo caso, hayan usado una máquina o no, lo importante es que la investigación de los Owsley se inserta en una dinámica de desarrollo de la historiografía del siglo XX que, desde diversas corrientes y en distintas tradiciones académicas, se inclinaron por la historia cuantitativa. En el caso angloparlante las corrientes de la New history, la New economic history (con la aparición, en 1927, de la Economic History Review), Cliometrics, Econometrics o History and computing. En el caso francés, con la corriente de los Annales tras la aparición de Annales d´histoire économique et sociale en 1929.

En fin, queda pendiente hacer una reseña o nota crítica sobre la aparición de este importante texto. Sin embargo, una primera reflexión a bote pronto es que, desde el Sur Global, tenemos la necesidad de revisar de nueva cuenta la historia de nuestra historiografía y la historia de la relación de nuestra práctica historiográfica y el desarrollo de la tecnología.

Referencias

  • Crymble, A. (2021). Technology and the historian: Transformations in the digital age. University of Illinois Press.
  • Graham, S., Milligan, I., & Weingart, S. (2016). Exploring big historical data: The historian’s macroscope. Imperial College Press. http://www.themacroscope.org/2.0/
  • Owsley, F. L. (1949). Plain folk of the Old South. Louisiana State University Press.
  • Thomas III, W. G. (2004). Computing and the Historical Imagination. En S. Schriebman, R. Siemens, & J. Unsworth (Eds.), A Companion to Digital Humanities. Blackwell. https://companions.digitalhumanities.org/DH/?chapter=content/9781405103213_chapter_5.html

¿Big data en la investigación histórica?

¿Análisis de big data en la investigación histórica? John Mashey, el científico informático que popularizó el término big data en los años 1990, seguramente moriría de risa si le dijéramos que quienes nos dedicamos a la historia podríamos procesar nuestros datos históricos digitalizados con métodos y técnicas utilizados para el análisis de grandes conjuntos de datos (big data sets). Big data es lo que procesan las grandes empresas de análisis de datos. Se calcula que Google manejaba unos 20 Petabytes de datos diariamente en 2008 (20 X 1,0005 bytes), mientras que toda la información de una investigación histórica no debe rebasar unos cuantos GB.

Sin embargo, los autores del libro Exploring Big Historical Data: The Historian’s Macroscope (2016) recurren al viejo proverbio inglés y argumentan, con razón que: “big is in the eye of the beholder”, algo así como que “el color depende del cristal con que se mire”. Porque en la investigación histórica hay tareas que parecen irrealizables para una sola persona investigadora o para un equipo, como la de procesar en un sólo estudio los 197,752 extractos de juicios criminales digitalizados que contiene el sitio The Procedings of the Old Bailey, la corte criminal de la ciudad de Londres entre 1674 y 1913.

Sobre este libro, la revista Virtualis. Revista de cultura digital del Tecnológico de Monterrey, México, acaba de publicar una reseña mía que puedes encontrar aquí y descargar el texto en PDF.

El libro fue escrito de manera colaborativa por Shawn Graham, Ian Milligand y Scott B. Weingart y es, en realidad, un manual de metodologías, técnicas y herramientas digitales para el procesamiento de datos, mayoritariamente aquellas diseñadas para el tratamiento de lenguaje natural. Por ello, está muy estrechamente vinculado al proyecto The Programming Historian y al ya clásico libro de Cohen y Rosenzweig Digital history: a guide to gathering, preserving, and presenting the past on the Web.

Si hay una forma amable de introducción a la historia digital para estudiantes de grado y posgrado, son esos tres caminos.

Referencias

  • Cohen, D. J., & Rosenzweig, R. (2006). Digital history: A guide to gathering, preserving, and presenting the past on the Web. University of Pennsylvania Press. http://chnm.gmu.edu/digitalhistory/
  • Gayol, V. (2016). Exploring big historical data. The historian’s macroscope. Virtualis, 7(13), 102–105.
  • Graham, S., Milligan, I., & Weingart, S. (2016). Exploring big historical data: The historian’s macroscope. Imperial College Press. http://www.themacroscope.org/2.0/